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La ilusión de la inclusión.

Por Daniela Fabiola Bryner.

Como padres, nos cuesta asumir si nuestros hijos tienen problemas de aprendizaje, emocionales  o de desarrollo. Es natural para un padre negar la realidad y ver a los propios hijos como al resto, y la tendencia en nuestra sociedad, ya sea en lo social como en la educación, es negar las diferencias.  La pregunta es: ¿Si éstas diferencias son reales,  negarlas no es más perjudicial que decir la verdad?

Al comenzar a trabajar en un colegio en educación especial, que seguía la teoría de la inclusión de chicos con todo tipo de problemas, tuve la impresión que ésto es algo bueno, que beneficia a los chicos porque enseña a no discriminar  personas con discapacidades. Pero, estando dentro del sistema, mi experiencia fue la opuesta. En la escuela donde trabajé, separaban problemas severos del desarrollo en un aula apartada dentro del colegio…y problemas “leves” que incluían todo tipo de patologías, desde autismo leve, problemas motrices, emocionales, enfermedades no contagiosas, problemas de aprendizaje, de atención generalizada, etc. Se “incluían” en el grado común y mi función en ese momento era acompañar a los chicos en el proceso de la integración.

 Ahora bien, cuando llegaba con los chicos a los grados comunes no había interacción entre ellos y el resto de sus compañeros, simplemente los ignoraban. En cuanto al aprendizaje, los chicos estaban  inmersos en una clase que no los ayudaba en nada, ya que no seguía su ritmo y no entendían los contenidos. Yo, al ser ayudante, tenía que seguir las órdenes de mis superiores que eran los maestros. Me decían que para que los chicos sigan el ritmo de las clases tenía que hacer el test por ellos, tomar notas por ellos, que como no había tiempo para acompañarlos en el proceso de aprender “los tenía que ayudar”. 

El sufrimiento y desarraigo de esos chicos era inmenso. La discriminación que sufrían por sus pares era mediante la indiferencia.  En la escuela se llegó al extremo de aceptar a un chico con serios problemas cardíacos (que en otros sistemas educativos iría a una escuela hospitalaria; venía al colegio en silla de ruedas, tubo de oxígeno y una enfermera lo cuidaba)  en un aula, con treinta chicos  y  un ambiente amenazante a su problemática, por diferentes problemas de conducta,…terminó fallando su corazón y murió en la clase.

Este ejemplo extremo ayuda a entender la falacia de la inmersión, el daño ocasionado a toda la clase al ver morir a un compañero frente a ellos (que podría haber sido evitado si no mandaban a éste niño al colegio común). En otros casos incluían a chicos con problemas emocionales, que gritaban y se movían en la clase, impidiendo que los chicos pudieran aprender y que la maestra pudiera enseñar;  mi función era sacar del aula al alumno en el caso de interrumpir la clase (o sea, todos los días).

La contención que necesitaban estos chicos no podía  conseguirse en una escuela común.

Simultáneamente, el intendente del distrito, recibió  el premio al mejor intendente por promover el respeto y la no discriminación de los chicos y fue  homenajeado con una cena.  Creo que no tengo más para decir y me gustaría abrir un debate al respecto.

 

About Elizabeth Trajtenberg (21 Articles)
Founder and columnist for La Ventana Americana. Also producer, editor, cohost and reporter.

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